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LAGUNAS MENTALES: Fue ayer y no me quiero acordar.

Por Antonio De Lima
@AntonioD3Lima

Está bastante clara aquella mañana, yo parado en la cama y mi mamá poniéndome presurosa mi mandil afeminado de cuadritos blancos y naranjas, luego al mismo ritmo caminando hacia mi colegio, todo el camino estuvo lleno de la dulce y tranquilizante voz de mi madre repitiendo una y otra vez que si osaba a hacer berrinche para no entrar a mi primer día de clases me sacaría la reputa ahí mismo.

Una vez llegado a mi salón y totalmente a salvo de mi madre, recuerdo muy bien que me sentaron a lado de ella, la dulce Briguitte de ojos grandes y brillantes, mi miró fijamente y me dijo: ¡Ahora eres mi novio y harás lo que yo te diga! Yo la mire sorprendido y emocionado de tener mi primera novia, le atraqué sin darme cuenta que a sus cortos cuatro años ya se perfilaba correctamente a volverse la típica loca de mierda –yo tenía la misma edad y ya me perfilaba correctamente a ser un huevón –

Los días fueron pasando rápido, entre canciones, colores y figuras geométricas; Una mañana mientras cortaba papel a lado de la futura loca, ella volteo a verme y sin ningún reparo tomó mi mano por debajo de la mesa “tienes que sentarte a mi lado siempre o te doblo tus dedos” – dijo con rabia en los ojos la futura amante de lo doblado-

Para mi suerte, ese fue el único año en aquel colegio, primaria la pasé sin mayores historias, pero fue cuando empecé primero de secundaria, a mis doce años la vida llegó a cruzarme otra vez con la diabólica Briguitte de ojos grandes y manipuladores, ya casi había olvidado como era ella, al volver a verla me acerqué por detrás, le toque el hombro izquierdo y me moví rápidamente por el derecho –ademán que aprendí del adefesio novio de mi hermana mayor- al voltear me lanzó una cachetada que me hizo tambalear el cerebro, fue entonces que recordé todo, cuando robaba mis colores, cuando me pegó plastilina en el cabello y tuvieron que raparme por su culpa, cuando cortó mi mandil afeminado, las veces que me doblaba los dedos cuando no hacia lo que ella quería, retrocedí dos pasos, sonreí y le dije, soy yo tu novio del nido –como dije antes, me perfilaba correctamente a ser el huevón más huevón- mi miró extrañada como recordando, me sonrió y me dijo ah entonces ya sabes en dónde sentarte.

Ya en el salón, me senté a su lado sin más dudas teniendo en cuenta que el desarrollo ya le había llegado pronunciadamente, mientras yo atendía las clases, percibía como ella me observaba de pies a cabeza, no podía evitar ponerme nervioso, entonces, en el menor descuido tomó mi mano y la metió por entre sus piernas, debajo de su falda escolar, saque la mano asustado –como si me hubiese quemado-, se me acerco despacio y me dijo ¿qué, eres maricón?, obvio no lo era, solo que no lo esperaba, pero fue en ese preciso momento cuando supe lo que era una erección.

Todo ese año y hasta acabar la secundaria fui el sumiso, que hacia todo lo que le plazca a Briguitte, su mente retorcida y sexualmente exploradora hacia el colegio sea un paraíso y ella un ángel diabólico, nos explorábamos cada vez que podíamos, y yo aprendí a jalones de pelo que debía dejarme morder, si algo debo agradecerle, es que por ella mi tolerancia al dolor aumentó, recuerdo que el ultimo día de clases no nos despedimos, supe que viajaría fuera de Lima, la tecnología de aquel entonces hacia más difícil tener contacto con ella otra vez y así acabe el colegio sin una última mordida ni un adiós.

Algunos años después sin tener contacto con ella, yo salía temprano de un trabajo part-time, casi medio dormido en la combi, sube en el siguiente paradero una chica bastante llamativa con apariencia profesional, era Briguitte, la loca de mierda de cuatro años y la pervertida de secundaria ya convertida en una mujer por sus cuatro lados, se sentó a mi lado y no dude en presentarme esperando me recuerde -obviamente con el único objetivo de averiguar si sigue siendo igual de pervertida que antes- me reconoció, me dio un beso en la mejilla y estuvimos hablando, a los quince minutos me dijo que bajaba en el siguiente paradero, y le respondí que yo también –en realidad bajaba pasando los siguientes dos distritos-

Una vez abajo, la acompañé hasta su casa mientras nos poníamos al tanto de los años después de secundaria, era bastante graciosa, inteligente y psicóloga –no me sorprendía- sin ningún rasgo aparente de locura ni perversión, después de meditarlo con la curiosidad encima –y con toda la intensión de volverme su sumiso otra vez- le pregunte sonriendo si aún seguía siendo su novio, me miro con asco y me dijo eres un idiota, soy una mujer comprometida, saco apurada las llaves de su cartera y se metió a su casa sin despedirse… otra vez.

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